jueves, 6 de noviembre de 2008

El alcohol, causa de accidentes


Los resultados de las pruebas de alcoholemia realizadas en la provincia de Buenos Aires durante Semana Santa son alarmantes y deben dar lugar a medidas firmes y constantes, destinadas a prevenir accidentes de tránsito.Los tests que se concretaron en La Plata y Mar del Plata en horario nocturno detectaron que el 18,3% de los conductores superaron el límite del consumo permitido, por lo cual sus vehículos debieron ser secuestrados. Otro 21,6% de los conductores también había consumido alcohol, pero dentro de valores admitidos. Estos controles sobre autos y motos se realizaron como parte del programa "Tolerancia Cero" del Ministerio de Salud bonaerense y en el marco de la Emergencia Vial que rige en la Provincia para reducir el número de accidentes de tránsito.Por su lado, en la Ciudad de Buenos Aires también se realizan controles habituales, aunque el porcentaje de los resultados positivos es de sólo un 2%. Es necesario extender estas pruebas, en especial durante la noche y la madrugada, hasta que se logre imponer el criterio de que quien toma alcohol no debe manejar. Además, se debe concientizar y educar a los automovilistas para que se respeten las reglas y se prevengan accidentes.El consumo de alcohol por parte de los conductores aumenta notablemente el riesgo de accidentes de tránsito. Es necesario que se concreten controles regulares, en especial durante la noche.
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miércoles, 5 de noviembre de 2008

Mas inconsciencias



El aumento de accidentes de tránsito provocados por el exceso de consumo de bebidas alcohólicas, es uno de los tantos dilemas con los que se enfrentan los hospitales públicos y las emergencias de esta capital.

Podrían evitarse las cuantiosas y diarias pérdidas de vidas humanas por medio de un trabajo coordinado con el sólo objeto preventivo.

Los médicos del hospital "Cullen" afirman: "El 80 % de los accidentes de tránsito son provocados por exceso de alcohol en el conductor".

Es a partir de esta realidad que la frase (proveniente de la campaña publicitaria) "El alcohol al volante mata", no deberían ser cinco palabras sin sentido. El hecho de que, beber con exceso y luego conducir "mata", debería tener una presencia conciente en nuestra sociedad.

Pero es de destacar que problemas como este, si bien conciernen a la salud pública, necesitan de acciones coordinadas con otros sectores. Cualquier iniciativa de prevención debe estar basada en un análisis profundo del problema, evaluación e instrumentación de políticas destinadas a todos los sectores sociales, sin exclusión alguna.

Ahora bien, los accidentes de tránsito por causa del alcohol tienen como protagonistas en esta ciudad, en forma desproporcionada, a adolescentes y adultos jóvenes. Es importante entonces realizar esfuerzos especiales a fin de disminuir el consumo de alcohol en este grupo.

En muchos de estos casos, el problema del alcohol en la conducción es reflejo de problemas de alcoholismo en el trabajo, en el hogar o en el círculo social al que se pertenece.

El mensaje principal de las políticas preventivas en salud debería ser entonces que el alcohol siempre debe consumirse con moderación. Y mucho más específico, que no se debe conducir en estado de ebriedad.

Quizás para afirmar que no tenemos conciencia y promover la prevención debamos utilizar como herramienta la alarma, "alarmar a los ciudadanos para que tomen conciencia".

En primer lugar, recurriremos a los datos estadísticos que afirman que en Argentina los alcohólicos abusadores son 2.500.000 (aproximadamente 7% de la población Argentina); los tomadores compulsivos: 175.000 (7% de 2,5 M); Y los alcohólicos dependientes: 125.000 (5 % de 2,5 m).

Pero es de destacar también que la gama y severidad de los problemas relacionados con el alcohol varían considerablemente. Dentro de la situación regional, la Argentina, en la década del 60, experimentó un retroceso en todos estos campos hasta mediados de la década del 80.

"Hoy nuestro país tiene más de 1.265.000 alcohólicos mayores de 16 años, pero lo sintomático del futuro nada promisorio es que más de 800 mil menores de entre 12 y 15 años ya consumen alcohol en forma regular (1).

Otro dato importante es que los jóvenes en especial en nuestra ciudad, en un 80% prefieren la cerveza. En lo que respecta al modo de beber, un 80 % "dicen" saber como calcular las cantidades necesarias para una fiesta.

Existe un "mito" entre aquellos jóvenes que sostienen saber tomar y presumen de cierta invulnerabilidad frente al alcohol. Este mito es aceptado por cuatro de cada diez jóvenes. Sólo un tercio de la población joven rechaza este mito.

jueves, 30 de octubre de 2008

Ultimas estadisticas


"No todos los conductores que toman alcohol y se accidentan se mueren"

En el país, alrededor de 4.000 personas mueren por año en
accidentes de tránsito. Y unas 70.000 sufren lesiones. Según una encuesta en hospitales, el alcohol es protagonista en tres de cada diez accidentes. Los más afectados son los varones, en la franja que va de los 15 a los 24 años. Es porque son los que más toman y están más involucrados en los choques. El efecto en el organismo y las consecuencias en la conducción. Con la puerta abierta, del lado de la calle, Luis Supatto estaba sacando la alfombra de atrás de su remís, un Renault 9. Fue lo último que hizo en su vida. Otro coche, un Fiat Uno, pasó como un torbellino, se lo llevó por delante, lo aplastó contra la puerta, y lo mató. Eran las 5.40 de una madrugada que presagiaba un día precioso en Las Flores, a 187 kilómetros de la Capital. El remisero, de 46 años, era un personaje bonachón, de pueblo, de vida módica, que estaba terminando de pagar con sacrificio las cuotas de su casa. Al conductor que lo atropelló lo llevaron a la comisaría. "No firma. Ebrio", quedó registrado en un acta que le alcanzaron enseguida. Y lo mismo, en otra más, bien entrada la mañana. La vencida fue recién a las 13.30, casi ocho horas después de la tragedia.El perito ingeniero de la Suprema Corte bonaerense que intervino en el caso definió el episodio como un "atropellamiento peatonal atípico". Ocurrió en una avenida ancha, con tránsito escaso a esa hora y, además, con buen tiempo. Todo debía atribuirse, entonces, a la falla humana. Con distancia profesional, el perito apuntó que había contribuido decisivamente la elevada concentración de alcohol en la sangre del conductor: el examen de alcoholemia detectó la presencia de 1,39 gramos por litro de sangre, casi tres veces más de lo permitido por la Ley de Tránsito. Es un dosaje que corresponde a cinco copas de vino, o a dos medidas y media de whisky, o a tres chopps de cerveza. Una cantidad que en una persona de peso medio provoca "un estado de euforia, modificación en la capacidad de apreciación y alargamiento de los tiempos de reacción", según anotó el perito, palabra por palabra. En esas condiciones una persona no debe sentarse al volante de un coche. No debe manejar.Para la familia no sirve como consuelo, porque nada sirve. Pero el remisero fue una entre las miles de personas que mueren en la Argentina por los accidentes de tránsito. No existe un dato unificado. Si las cifras de las ONG que se dedican a la educación vial calculan entre 7.000 y 10.000 los muertos anuales, los organismos oficiales son algo más cautos. El Registro Nacional de Accidentes de Tránsito (depende del Ministerio de Justicia) calculaba 4.062 muertes anuales en 2002. Y el Ministerio de Salud certificó 3.399 muertes en 2003. Y unas 4.000, en 2004. Los heridos, unos 70.000.Esas son cifras generales. Pero ¿en cuántos casos está involucrado directamente el alcohol? Las estadísticas son incompletas porque en la Argentina no se hace el seguimiento a 30 días (donde alguien que queda muy grave puede morir). Además, los conductores que causan muertes suelen escapar, y cuando aparecen los exámenes de alcoholemia ya son inútiles. Con estas limitaciones, algunas pistas permiten acercarse a la dimensión del problema. Las personas que van de los 15 a los 34 años son las que más alcohol consumen y, a la vez, representan la franja con mayor cantidad de muertes y heridas graves en accidentes de tránsito.Son datos separados que, juntos, hablan. Un indicador más concreto lo aporta una encuesta que realizó el INDEC a pedido de la Secretaría Nacional contra la Droga y el Narcotráfico (SEDRONAR), en salas de emergencia de hospitales de todo el país. Abarcó a 14.885 pacientes y uno de los resultados fue que el alcohol estaba presente en el 28,5 por ciento de los casos de accidentes de tránsito.No es casual: el mismo estudio arrojó que el alcohol es la sustancia psicoactiva con mayor impacto sobre el sistema de emergencias. ¿Cómo se traduce? De quienes se atendieron de urgencia y habían tomado recientemente alcohol, el 83 por ciento debía la atención directamente a ese consumo: había terminado en la guardia por excederse de copas.Números que asustanComo se ve, por casa el problema es grande. Pero en todo el mundo el alcohol es una de las principales causas de accidentes de tránsito. Un estudio de la Organización Panamericana de la Salud reveló que un conductor que bebe antes de manejar tiene 17 veces más riesgo de tener un choque fatal. El 13 por ciento de las muertes masculinas en accidentes y el 3,4 de las femeninas tienen que ver con el alcohol. Otro dato, de la Organización Mundial de la Salud, sostiene que el 25 por ciento de la muertes por lesiones son por accidentes de tránsito.De los veinte pesos que sacaba limpios por día, el remisero Supatto separaba diez para pagar la cuota de su casa. Después de unos años en Paso del Rey, había vuelto a su pueblo, con su mujer y sus hijos, para instalarse definitivamente. Primero trabajó con una camioneta repartiendo pan, después con el remís. Todo terminó la madrugada del 18 de setiembre de 2004, frente a la remisería de la avenida San Martín y Pueyrredón.El remisero fue víctima de la imprudencia y del alcohol que tomó otro. No siempre es así. En enero, en Monte, seis chicos de entre 17 y 20 años murieron cuando el auto en el que viajaban chocó de frente contra un camión con 30.000 kilos de cemento. Habían estado en un cumpleaños y en un boliche. En el velorio, una amiga del chico que manejaba contó que le había pedido que manejara tranquilo porque había tomado. Y que uno de los amigos le había querido sacar las llaves. El choque se produjo cuando el muchacho intentó pasar a tres coches a la vez.Los jóvenes varones son el grupo de mayor riesgo. De acuerdo a datos del Ministerio de Salud de la Nación, el 75 por ciento de las víctimas de accidentes fatales son hombres y la franja de 15 a 24 años es la más perjudicada.Con esta hipótesis de que la combinación alcohol-conducción representa un peligro, durante el verano la Subsecretaría contra las Adicciones bonaerense se puso de acuerdo con la cámara que nuclea a las discotecas para evitar que el llamado after hour interbalneario siguiera provocando accidentes graves. "Unificamos los horarios de cierre, para que los chicos no fueran de un boliche a otro a medida que iban cerrando. Y la cantidad de accidentes bajó. La relación con el alcohol es directa", sostiene Claudio Mate, el titular del área.Según el funcionario, la prohibición de la venta de bebidas alcohólicas en estaciones de servicio, también redujo los accidentes. "En Brasil, en las estaciones de servicio se ven displays con gin", explica. En la Ciudad de Buenos Aires, el año pasado, habían ensayado un acuerdo con las discos para lograr que quienes no salían en condiciones de manejar dejaran el auto en el estacionamiento hasta el otro día.En 2004, un estudio en el Hospital Presidente Perón de Avellaneda arrojó que el 33 por ciento de los accidentes con vehículos estaba relacionado con el consumo de sustancias psicoactivas, en la mayoría de los casos el alcohol. Un año antes, el Hospital Cullen, de Santa Fe, recopiló información de la guardia y concluyó que en el 80 por ciento de los choques el conductor tenía algún trago de más. Son datos sueltos, pero refuerzan la tendencia. Salvo para los colectiveros, camioneros o cualquier conductor profesional (donde el límite legal es cero), o para los motociclistas (0,2), la ley establece en 0,5 gramos por litro de sangre el máximo dosaje permitido para salir a manejar. Se llega con dos copas de vino. Los especialistas sostienen que con esa cantidad de alcohol es inconveniente manejar: la automatización de funciones se resiente, las reacciones son más lentas y se produce la llamada visión túnel: la pérdida progresiva de las percepciones visuales laterales."Lo ideal es salir sin haber bebido una gota. Con un poquito, las maniobras de esquive ya se alteran", sostiene Alfredo Achával, presidente del Colegio de Peritos Médicos Legistas de la Capital. En ese criterio coincide Alberto Silveira, de la Asociación Luchemos por la Vida, que contó 7.137 muertos por accidentes de tránsito en 2004. Unos 20 por día, en un país que registra uno de los índices más altos de mortalidad en este rubro. Silveira calcula que el alcohol está presente "por lo menos en la mitad de los choques con muertes". Eso, apunta, incluye a quienes van solos y chocan contra una columna o quienes son atropellados porque cruzan una calle borrachos.Epidemia que mataEn su libro Salud para los argentinos, el ministro de Salud y Ambiente de la Nación, Ginés González García, define a los accidentes de tránsito como una epidemia que mata a 725.000 personas en el mundo, más de medio millón en los países subdesarrollados. El ministro sostiene que en la Argentina el 70% de los accidentes mortales responde a factores relacionados con los estilos de vida. Y cree que en cinco años los casos se podrían reducir a la mitad si -entre otras medidas- se refuerzan los programas de seguridad vial, mejoran los servicios de colectivos en las zonas de diversión nocturna y se castiga con mayor severidad a los infractores. En el mismo nivel ubica al uso del cinturón de seguridad y a los controles de velocidad y, por supuesto, del alcohol.Los exámenes de alcoholemia ofrecen una pauta sobre la cantidad de conductores que manejan excedidos de alcohol. En 2004, la Secretaría de Seguridad Vial de la Ciudad hizo 4.839 pruebas y hubo 388 infractores, el 8 por ciento. Otro 16 por ciento, aunque no llegaba al límite legal, también registraba niveles de consumo reciente. En los motociclistas, el 19 por ciento superaba el dosaje de 0,2 gramos. Con todo, los controles son escasos. "Se hacen para la exhibición mediática momentánea -cuestiona Silveira, de Luchemos por la Vida-. En algunos estados de Australia se han hecho 2 millones de pruebas por año."En su Informe Especial sobre Seguridad Vial en Argentina (2005), la Defensoría del Pueblo de la Nación recalcó que estos controles "requieren mayor urgencia y rigurosidad", porque el alcohol "afecta gravemente a los sectores de menor edad, produciendo la muerte o lesiones graves".El estudio destaca que una de las distorsiones que causa el alcohol es el mal cálculo del frenado. Un auto que va a 100 kilómetros por hora necesita 106 metros para frenar. Si el conductor supera el límite de alcohol, sólo logra hacerlo 20 metros más lejos. Claro, si nada se interpone.La Defensoría denunció la superposición de entes oficiales y la dispersión de las normativas de seguridad vial; el mal estado de muchas rutas (aun varias concesionadas), y la influencia de publicidades que inducen a conducir en forma irresponsable. Está claro que no sólo el alcohol es el problema. "Hay que combinar educación desde los más chicos, con cultura y sanción. Si no, no vamos a ningún lado", afirma Hugo Vidal Fernández, del Instituto de Seguridad y Educación Vial (ISEV)."Los fines de semana, a la noche, el pueblo deja de ser tranquilo. No hay ningún control y las picadas en las calles son terribles. Ya van tres atropellados en unos meses. Hay un juego siniestro al que le dicen el finito: le pasan cerca con el auto a la gente para asustarla", cuenta, desolada, Natalia Duarte, la esposa del remisero de Las Flores.La mujer, que integra la Asociación Madres del Dolor, logró que en un pueblo de 25 mil habitantes llegaran a marchar 2.000 para pedir justicia por el caso de su marido. El acusado, de 25 años, quedó en libertad, pero sigue adelante la causa judicial por homicidio culposo. Aquella noche, unos segundos antes de las 5.40, salió del boliche Tequila, sobre la calle Pueyrredón, subió al auto y dobló por San Martín. El remisero estaba sacando la alfombra de atrás. Le iba a sacudir la tierra, o a darle unos baldazos de agua, quién sabe qué estaba pensando.